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Microbiota

Alimentación y hábitos para cuidar la microbiota intestinal.

Representación conceptual de microbiota y sistema digestivo

La microbiota intestinal desempeña un papel importante en muchas funciones de nuestro organismo. El intestino mantiene una comunicación bidireccional con otros órganos y sistemas, aunque uno de los ejes más conocidos y estudiados es el eje intestino-cerebro.

Esta comunicación se produce a través de distintas vías, entre ellas el nervio vago, la circulación sanguínea y las señales del sistema inmunitario, como las citoquinas. También participan sustancias producidas por la microbiota, como los ácidos grasos de cadena corta, y mecanismos relacionados con los neurotransmisores.

El nervio vago constituye una de las principales vías de comunicación entre los órganos internos y el cerebro. Aproximadamente el 80 % de sus fibras son sensitivas y transmiten información desde el organismo hacia el cerebro, incluida la procedente del aparato digestivo.

Microbiota y neurotransmisores

La microbiota puede influir en la producción y el metabolismo de sustancias relacionadas con la comunicación nerviosa. Entre ellas se encuentran:

  • Serotonina: participa en funciones como la motilidad intestinal y, en el sistema nervioso central, la regulación del estado de ánimo y del sueño. La microbiota puede influir en su producción intestinal, aunque la serotonina del intestino no pasa directamente al cerebro.
  • GABA: es el principal neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central y contribuye a regular la actividad neuronal. Algunas cepas de bifidobacterias y lactobacilos pueden producirlo en el intestino; su papel en la comunicación intestino-cerebro continúa investigándose.
  • Dopamina y noradrenalina: intervienen en funciones como la motivación, la recompensa, la atención y la respuesta al estrés. Se estudia cómo la microbiota puede influir en su metabolismo y en las vías de comunicación relacionadas con estas sustancias.

La presencia o producción de estos compuestos en el intestino no equivale directamente a un aumento de sus niveles o de sus efectos en el cerebro.

Cómo cuidar el eje intestino-cerebro

El cuidado de esta relación se apoya en distintos aspectos de la vida cotidiana:

  • Una alimentación variada y adaptada a las necesidades y la tolerancia de cada persona.
  • Una buena higiene del sueño y un descanso suficiente.
  • La gestión del estrés.
  • El cuidado de las condiciones que favorecen una microbiota diversa y funcional.

Cuando se plantea estudiar la composición de la microbiota, es importante valorar qué información puede aportar la prueba y cuáles son sus limitaciones. Los resultados no definen por sí solos un estado de salud ni un tratamiento.

La relación del intestino con otros sistemas

Además del eje intestino-cerebro, se investiga la relación de la microbiota con la piel, el sistema inmunitario, el hígado, los pulmones, los músculos y los huesos. También participa en el metabolismo de determinadas hormonas. En este ámbito, el término estroboloma se refiere al conjunto de genes de la microbiota implicados en el metabolismo de los estrógenos.

Se han estudiado asociaciones entre alteraciones de la microbiota y problemas como la ansiedad, la depresión, las alteraciones del sueño, algunas enfermedades alérgicas y autoinmunes, el hígado graso, la resistencia a la insulina y determinadas afecciones de la piel. También se investigan sus relaciones con la endometriosis, la salud respiratoria, la pérdida de masa muscular y la osteoporosis.

Estas asociaciones no significan que todos esos problemas tengan su origen en el intestino ni que modificar la microbiota sea suficiente para tratarlos. Cuidar la salud intestinal forma parte del cuidado global del organismo y puede contribuir al bienestar digestivo y general.

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